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La necesidad de organizarse
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La necesidad de organizarse

En una sociedad frenética como la nuestra, en la que decenas de tareas y obligaciones ocupan todo nuestro tiempo y miles de estímulos informativos luchan por captar un segundo de nuestra atención, organizarse se erige como la principal herramienta para llevar una vida ordenada y minimizar el estrés.

Al trabajo y a la familia –los dos factores que con tanto ahínco se trata de conciliar– podemos añadir infinidad de aspectos que terminan por cubrir cada hora de nuestra agenda: ese curso de Excel online, las clases de inglés, las comidas con los clientes, el gimnasio, salir a correr o las clases de spinning, planificar un viaje a Canarias, hacer la compra semanal, devolver los libros a la biblioteca… y un largo etcétera que si no sabemos gestionar termina por agobiarnos y generarnos la tan famosa ansiedad.

¿Cómo podemos evitar esta situación?

Planificando detalladamente nuestra agenda. Si trabajamos de lunes a viernes de 09:00 a 19:00 y al llegar a casa nos espera nuestra familia, difícilmente podremos realizar todas las demás tareas a diario; necesitaremos priorizarlas y distribuirlas en el tiempo libre. Si, por ejemplo, las clases de inglés tiene un horario marcado de 20:00 a 21:00 los martes y jueves, tendremos que ir al gimnasio los otros tres días de la semana y dedicarle el fin de semana a realizar ese cursillo.

Puede ocurrir que, pese a tener todas las tareas perfectamente estructuradas, nos encontremos con la sensación de estar sobrepasados o de no llegar a cumplir las metas en los plazos que nos habíamos fijado. Si esto ocurre, lo más probable es que estemos intentando abarcar más cosas de las que podemos, con el consiguiente gasto físico y emocional que eso conlleva. Saturarnos con tareas no nos hace más productivos, al contrario: puede perjudicar la calidad de las mismas, sobre todo si tendemos a la multitarea (realizar varias cosas a la vez dividiendo la atención que dedicamos a cada una).

Así pues, en ocasiones es preferible posponer una cosa hasta que hayamos realizado otra para evitar el estrés. Si nos hemos matriculado en la escuela de idiomas tres días a la semana, quizás sea preferible esperar al verano para las clases de informática.

Debemos valorar nuestro tiempo de manera realista y no cargarnos con un listado de tareas que no seamos capaces de cumplir, pues esto sólo nos generará frustración y un aumento de trabajo para el día siguiente. Para realizar una buena planificación diaria es necesario contar con los tiempos de desplazamiento de un lugar a otro, con las horas de las comidas y dejar cierto margen por si alguna tarea termina por ocuparnos más tiempo del que pensábamos. Es importante también, dentro de lo posible, no restarle horas al sueño. Descansar bien es lo que nos permitirá mantener el ritmo cada día. Dormir poco y/o alimentarnos mal nos provocará un mayor cansancio, lo que perjudicará nuestro rendimiento, entrando en un bucle de dormir menos para hacer más.

No nos sobrecarguemos. Dejemos tiempo para el ocio. Para los amigos. Para no hacer nada y recuperar la energía. Seremos más eficaces cuando volvamos al trabajo.

 

Sandra Iglesias

sandra.iglesias@fundacionequipohumano.es

 

La necesidad de organizarse

 

En una sociedad frenética como la nuestra, en la que decenas de tareas y obligaciones ocupan todo nuestro tiempo y miles de estímulos informativos luchan por captar un segundo de nuestra atención, organizarse se erige como la principal herramienta para llevar una vida ordenada y minimizar el estrés.

Al trabajo y a la familia –los dos factores que con tanto ahínco se trata de conciliar– podemos añadir infinidad de aspectos que terminan por cubrir cada hora de nuestra agenda: ese curso de Excel online, las clases de inglés, las comidas con los clientes, el gimnasio, salir a correr o las clases de spinning, planificar un viaje a Canarias, hacer la compra semanal, devolver los libros a la biblioteca… y un largo etcétera que si no sabemos gestionar termina por agobiarnos y generarnos la tan famosa ansiedad.

¿Cómo podemos evitar esta situación?

Planificando detalladamente nuestra agenda. Si trabajamos de lunes a viernes de 09:00 a 19:00 y al llegar a casa nos espera nuestra familia, difícilmente podremos realizar todas las demás tareas a diario; necesitaremos priorizarlas y distribuirlas en el tiempo libre. Si, por ejemplo, las clases de inglés tiene un horario marcado de 20:00 a 21:00 los martes y jueves, tendremos que ir al gimnasio los otros tres días de la semana y dedicarle el fin de semana a realizar ese cursillo.

Puede ocurrir que, pese a tener todas las tareas perfectamente estructuradas, nos encontremos con la sensación de estar sobrepasados o de no llegar a cumplir las metas en los plazos que nos habíamos fijado. Si esto ocurre, lo más probable es que estemos intentando abarcar más cosas de las que podemos, con el consiguiente gasto físico y emocional que eso conlleva. Saturarnos con tareas no nos hace más productivos, al contrario: puede perjudicar la calidad de las mismas, sobre todo si tendemos a la multitarea (realizar varias cosas a la vez dividiendo la atención que dedicamos a cada una).

Así pues, en ocasiones es preferible posponer una cosa hasta que hayamos realizado otra para evitar el estrés. Si nos hemos matriculado en la escuela de idiomas tres días a la semana, quizás sea preferible esperar al verano para las clases de informática.

Debemos valorar nuestro tiempo de manera realista y no cargarnos con un listado de tareas que no seamos capaces de cumplir, pues esto sólo nos generará frustración y un aumento de trabajo para el día siguiente. Para realizar una buena planificación diaria es necesario contar con los tiempos de desplazamiento de un lugar a otro, con las horas de las comidas y dejar cierto margen por si alguna tarea termina por ocuparnos más tiempo del que pensábamos. Es importante también, dentro de lo posible, no restarle horas al sueño. Descansar bien es lo que nos permitirá mantener el ritmo cada día. Dormir poco y/o alimentarnos mal nos provocará un mayor cansancio, lo que perjudicará nuestro rendimiento, entrando en un bucle de dormir menos para hacer más.

No nos sobrecarguemos. Dejemos tiempo para el ocio. Para los amigos. Para no hacer nada y recuperar la energía. Seremos más eficaces cuando volvamos al trabajo.

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